Yo iba para teleco, creo, ¿o era informático? El caso es que hoy el aburrimiento es el orden del día en la mayoría de despachos. Por esta razón, quizás, y también gracias a los sabios consejos de varios amigos de la infancia −Tintín, Flanagan, Holmes y Marlowe podrían estar detrás de todo esto− acabé aterrizando, un poco por casualidad, en el oficio de buscar buenas historias por contar. He acariciado las asperezas de la prensa...