Mediapart es el laboratorio de la prensa del siglo XXI”

Marthe Rubió | París | 26/02/2014

Edwy Plenel. Fotografía: Xavier Malafosse

Edwy Plenel. Fotografía: Xavier Malafosse/2008

Edwy Plenel es el fundador y director de Mediapart, el medio francés que reveló los escándalos político-financieros más importantes de los últimos seis años en el Hexágono. El lanzamiento de este periódico digital en marzo de 2008 sorprendió al mundo mediático por ser un modelo único en su género: un sitio web de pago sin publicidad. Seis años después de su nacimiento, Mediapart está extraordinariamente situado en el paisaje mediático francés y Edwy Plenel puede alegrarse de haber ganado la apuesta al fidelizar a más de 80.000 suscriptores.

 Mediapart goza de una gran popularidad en Francia gracias al efecto dominó de sus revelaciones periodísticas. El descubrimiento de una cuenta bancaria en Suiza del ex ministro de Presupuesto Jérôme Cahuzac, que provocó su dimisión; o el caso de evasión fiscal de Liliane Bettencourt, la segunda fortuna de Francia y sus conexiones con el gobierno del ex presidente Nicolas Sarkozy, son algunas de las investigaciones más importantes.

 El encuentro con Edwy Plenel tiene lugar en las oficinas de Mediapart, a dos pasos de la Plaza de la Bastilla, icono de la revolución francesa. Y durante esta entrevista hablamos de otro cambio radical con este defensor de otra revolución, la digital.

 ¿En qué contexto se produce el nacimiento de Mediapart?

 Nació en un contexto de crisis. La crisis de la profesión periodística, de la industria digital y la crisis de la democracia, como se demostró durante la presidencia de Nicolas Sarkozy.

 ¿Cuál era el proyecto de partida?

 Creamos Mediapart como un laboratorio para demostrar lo que podría ser la nueva prensa del siglo XXI: digital, independiente, participativa y con la fidelidad del lector. Ese es el modelo económico pionero de Mediapart, que en la actualidad sólo vive de la suscripción de sus lectores.

 Nuestro desafío consiste en defender la tradición democrática de la prensa. También mantenemos la capacidad de investigar, revelar y ser independientes. En seis años, hemos conseguido estar en el centro de los debates públicos franceses y, además, ser una china en el zapato que molesta a muchos.

 ¿De qué forma se produjo el lanzamiento del sitio?

 Lanzamos un sitio web gratuito de presentación el 2 de noviembre de 2007 para mostrar el tipo de periodismo que íbamos a hacer. Con ella conseguimos 3.000 suscriptores antes del lanzamiento del periódico online en su forma de pago,  el 15 de marzo de 2008. Pero la publicación digital no es un “muro de pago”, puesto que la premisa de Mediapart es que cada suscriptor pueda compartir su contraseña y sus datos de identificación con otros. Sabemos que detrás de cada suscriptor hay varios lectores. Un suscriptor puede ofrecer nuestras informaciones a sus amigos y eso les anima a venir a Mediapart.

 Nos hemos construido a medida que crecíamos porque somos pioneros de esto modelo comercial y de marketing. Éramos los únicos en el mundo en escoger esta fórmula, pero en seguida comprobamos que funcionaba: cada día, teníamos nuevos suscriptores. Perseveramos y hoy ya tenemos 84.000 abonados.

 ¿Cómo han conseguido financiar el periódico?

 Teníamos nuestro propio capital. La apuesta era conseguir suficiente dinero para mantenernos durante tres años y tener, al mismo tiempo, un equipo de periodistas de nivel. Pusimos en marcha Mediapart con 27 trabajadores, 25 de ellos periodistas. Me comprometí con ellos a pagarles aceptablemente durante tres años.

 Hasta nuestra última recapitalización, que fue en el verano de 2009, habíamos recaudado 5,7 millones de euros. Alcanzamos el punto de equilibrio en 2010. Durante esos años observamos que la curva de las nuevas suscripciones había ido creciendo de manera constante. Después, se incrementó el número con casos como el de Bettencourt y el de Cahuzac.

 Mediapart se ha convertido en una verdadera marca en Francia y especialmente gracias a la promoción que han hecho de sus trabajos de investigación en los platós de televisión. ¿Cómo manejan su comunicación?

 Siempre he sido un buen vendedor. Fui yo quien propuso esa idea del logotipo de Mediapart. Cogí una antigua litografía del siglo XIX de un vendedor de periódicos callejero y me dije: «Eso es lo que nos hace falta». Siempre defendí esto. Cuando trabajaba en Le Monde [Entre 1996 y 2004 fue director de la redacción de ese periódico], también defendía la idea de que teníamos que pelearnos por nuestras informaciones para que fueran conocidas, sabidas, hacer ruido. Pienso que no existe otra receta. Los que creen que se construye una prensa con regalos… Eso es otra cosa.

 Nosotros hacemos periodismo. Nuestra promoción es vendernos. No tenemos miedo a hacer mucho ruido en defensa de nuestras investigaciones. Le damos un carácter personal a nuestro trabajo. Además, sé que un periódico nuevo, totalmente independiente, no se impone sin hacer nada. El trabajo en un periódico tiene que ser encarnado, tiene que ser llevado donde sea necesario y tiene que ser defendido.

 Venía de la prensa escrita, pero cuando creó Mediapart fue un portal web y no una edición en papel. Argumentó que los beneficios económicos llegarían con la eliminación de los costes de producción y distribución. ¿Cuál es ahora su punto de vista sobre internet?

 Creo que Mediapart ha demostrado que creemos que el periodismo digital es un periodismo más  profundo, más documentado, más justificado.

Un periodismo que permanece accesible en la Red y lo hace, por tanto, más fiable en el tiempo que el periodismo impreso, el cual se ve limitado por el tipo de soporte.

 Antes solía decir que la web era la tercera revolución industrial. Hoy pienso que es una batalla mucho más importante. Quizá es incluso una revolución que tiene la misma importancia que la revolución editorial provocada por la invención de la imprenta en el siglo XV. O sea, una revolución que modifica las condiciones de producción y de distribución de los conocimientos.

 ¿En algún momento tuvo miedo al fracaso?

 Le voy a contar una anécdota. Cuando el camino se nos hacía un poco largo y todavía no se veía el umbral de rentabilidad, irónicamente comparé nuestra aventura con el viaje de Cristóbal Colón a América. Cuando los equipos se impacientaban, tenía la impresión de ver y oír lo que los marineros le decían a Colón: «¿Dónde está tu tierra prometida, tu tierra desconocida?». Decidimos iniciar la aventura por intuición. No teníamos ni idea de cuánto tiempo duraría la travesía, pero dimos ese salto. Pienso que en este sentido fuimos pioneros.

 En su opinión, ¿cómo se debe ejercer la investigación periodística?

 Hay un periodismo de investigación que es un periodismo de holgazanes: el periodismo de atestados. Van a buscar cosas que están en un dossier judicial, pero en el fondo se convierten en los aliados, los portavoces de una de las partes. Eso es fácil. Todo el mundo lo hace. No es una verdadera investigación. La investigación consiste en que el periodista tenga iniciativa propia. Por ejemplo, que se publique una información que ni siquiera ha llegado al conocimiento del gabinete de un ministerio. Y es lo que hacemos en Mediapart. Es lo que hicimos con Bettencourt, es lo que hicimos con el caso Gadafi-Sarkozy y es lo que hicimos con Cahuzac. Esa es la marca de Mediapart.

 ¿Hay diferencias en las técnicas de investigación entre el papel e internet?

 Tenemos los mismos valores: no se graba a nadie a sus espaldas, no se le espía, no se compra información. Lo que ha cambiado es la prueba. Por eso tenemos importantes batallas jurídicas. En internet se puede publicar un documento sonoro, una imagen, un vídeo. Dispusimos de esa fuerza ilustrada de manera magistral durante los casos Bettencourt y Cahuzac.

 Todos los grandes asuntos de Mediapart se refieren a políticos, ¿por qué no investigar otros sectores?

 Y bien que lo siento. Hay asuntos en los que no nos hemos empleado suficientemente [Plenel se defiende del comentario de MasInvestigacion y señala tres investigaciones sin carga política: la primera sobre las cuentas irregulares de “Sciences Po” (una universidad francesa muy prestigiosa y selectiva); la segunda está relacionada con la discriminación racial en el fútbol; y la tercera tiene relación con un escándalo que se produjo en la sanidad pública.

 Cuando lanzamos Mediapart, dije: «Hay que seguir la pista del dinero». Con los políticos, ya lo hemos hecho a izquierdas y a derechas. En el fondo, eso no cambia las líneas porque el verdadero corazón del poder es el dinero. El dinero está en el fútbol, en la sanidad… Creo que muchas preguntas se relacionan con esto, con una sociedad donde el dinero, con su capacidad de corrupción y sus conflictos de intereses, está a punto de explotar y eso pesa mucho en la sociedad.

 ¿El éxito de Mediapart ha influido en otros periódicos y los ha obligado a apostar más por la investigación?

 Sí, ha despertado a los otros medios. Quisieron, incluso, contratar a nuestra gente. Le Monde fichó a un periodista de investigación que desde el principio había trabajado para Mediapart e intentaron convencer a otros para que se fueran con ellos. Despertamos la competencia. Me parece muy bien. Me gustaría que eso se acompañara de cierta confraternidad y solidaridad. Pero no  lo percibo. A menudo estamos solos y sufrimos el desdén de ese periodismo impreso que está celoso de nuestro dinamismo. Hay mucha más curiosidad y generosidad por parte de los medios extranjeros hacia lo que representa Mediapart, su modelo, que por parte de los medios franceses.

 

 

Traducción de Marthe Rubió

Los tres casos que han hecho grande a Mediapart

 

Bettencourt: 25 000 nuevos suscriptores

 El 16 de junio de 2010 Mediapart consiguió una información importante: unas grabaciones de Liliane Bettencourt, heredera de la multinacional L’Oréal. En ellas se hablaba de las cuentas secretas que la octogenaria tenía en bancos suizos. Después, las investigaciones periodísticas demostraron que Bettencourt había colaborado económicamente con la campaña electoral de Nicolas Sarkozy. El caso sigue abierto judicialmente.  

 Con esa exclusiva periodística Mediapart consiguió duplicar sus suscriptores en menos de cinco meses y pasó de 25.000 en junio de 2010 a 50.000 en diciembre.

 Tres años después de esa información, el Tribunal de Apelación de Versailles condenó a Mediapart por vulnerar el derecho a la “protección de la intimidad” de Liliane Bettencourt. El portal web tuvo que retirar todas las grabaciones. La reacción del resto de medios franceses en apoyo de Mediapart no se hizo esperar. Gran parte de ellos colgaron las grabaciones de Bettencourt en sus respectivas ediciones digitales.    

Gadafi-Sarkozy: una bomba en plena campaña electoral

 Mediapart publicó el 28 de abril de 2012, en plena campaña electoral, una nota de los servicios secretos libios donde se reflejaba que Muamar el Gadafi había autorizado el pago de 50 millones de euros para financiar la candidatura de Nicolas Sarkozy en las elecciones de 2007.

 Sarkozy demandó a Mediapart y lo acusó de falsificar el documento de los servicios secretos libios. La Justicia francesa admitió a trámite la demanda y el caso todavía está en fase de autentificación de la documentación.

Cahuzac: el gran público descubre Mediapart

 El 5 de diciembre de 2012 Mediapart volvió a colocarse en primera línea informativa. Reveló una grabación de Jérôme Cahuzac, entonces ministro del Presupuesto y promotor de un plan para luchar contra la evasión fiscal, donde hablaba con un interlocutor de la cuenta bancaria que tenía en Suiza. Cahuzac, durante cuatro meses, negó la veracidad de la información y en marzo de 2013  presentó su dimisión. Más tarde admitió en una  carta abierta que había mentido.

 Esa nueva revelación propició que el medio digital que dirige Edwy Plenel aumentara en 10.000  sus suscriptores.

Edwy Plenel est le fondateur et directeur de la publication de Mediapart, le site d’information français à l’origine des principaux scandales politico-financiers des six dernières années dans l’Hexagone. Ce « journal en ligne » a été lancé en 2008, surprenant la sphère médiatique française par son modèle unique en son genre: un site d’information payant sans publicité. Six ans plus tard, Mediapart est désormais bien ancré dans le paysage médiatique français et Plenel peut se féliciter d’avoir gagné son pari en fidélisant plus de 80 000 abonnés.

 Plus que cela, le site jouit désormais d’une popularité qui ne se dément pas en France grâce à l’effet boule de neige de ses révélations fracassantes. Parmi celles-ci la découverte du compte en banque en Suisse de l’ancien ministre du budget Jérôme Cahuzac -qui lui a coûté son poste-, ou encore l’évasion fiscale de Liliane Bettencourt, la seconde fortune française, et ses liens avec le gouvernement Sarkozy. 

 Rendez-vous pris dans les locaux de Mediapart, à deux pas de la place de la Bastille, haut lieu de la Révolution française. Et justement, c’est de changement radical dont nous allons parler lors de cette rencontre, avec ce chantre de la révolution numérique. 

Dans quel contexte est né Mediapart ?

 Un contexte de crise. Une crise qui n’est pas propre à la France : la crise des métiers de l’information et des industries médiatiques provoquée par la révolution numérique. D’autre part, la crise démocratique française telle qu’elle était mise en évidence sous la présidence de Nicolas Sarkozy.

 Quel était le projet de départ ?

 Mediapart a été créé comme un laboratoire pour montrer ce que pourrait être la nouvelle presse du XXIe siècle : numérique, indépendante et participative autour du concept de fidélité du lecteur. C’est le modèle économique pionnier de notre journal, qui ne vit que de l’abonnement de ses lecteurs.

 Mais notre défi, c’est évidemment de défendre le meilleur de la tradition démocratique de la presse. Sa capacité d’investigation, d’indépendance et de révélation. En six ans, nous pouvons dire que nous avons ainsi réussi à nous inscrire au cœur des débats publics français. Et à être un grain de sable qui dérange énormément.

 Comment s’est passé le lancement du site ?

 Nous avons lancé un pré-site gratuit le 2 novembre 2007 pour illustrer le journalisme que nous allions faire. Nous avons ainsi collecté 3000 abonnés avant le lancement du journal dans son modèle payant le 15 mars 2008. Mais Mediapart n’est pas non plus un mur du payant puisque le principe qui s’est affiné chez nous c’est que chaque abonné puisse partager ses identifiants. Nous savons que derrière chaque abonné, il y a plusieurs lecteurs. Un abonné peut offrir des articles à ses amis, ce qui leurs permet d’avoir envie ensuite de venir chez nous.

 Nous nous sommes construits au fur et à mesure que nous grandissions puisque nous étions pionniers de ce modèle commercial et marketing. Nous étions les seuls au monde à choisir ce modèle et nous avons vu tout de suite que cela marchait : chaque jour, nous avions de nouveaux abonnés. Nous avons persévéré et aujourd’hui nous avons 84 000 abonnés.  

 Mais comment avez-vous fait pour financer le journal au départ ?

 Nous avions notre propre capital. Le pari était d’avoir suffisamment d’argent pour tenir trois ans tout en ayant une équipe consistante de journalistes. Nous avons démarré à 27 salariés dont 25 journalistes. Je m’étais engagé auprès des journalistes, qui venaient tous de la presse écrite, à être capable de leurs payer des salaires corrects durant trois ans. 

 Jusqu’à notre dernière recapitalisation qui a eu lieu à l’été 2009, nous avons levé 5 millions 700 000 euros. Nous n’avons atteint le point d’équilibre qu’en 2010 mais pendant toutes ces années nous avons vu que la courbe des nouveaux abonnements était constante. Après, il y a eu des accélérateurs, des affaires comme l’affaire Bettencourt et l’affaire Cahuzac.

 Mediapart est devenu une véritable marque en France, notamment grâce à la promotion de vos enquêtes sur les plateaux de télévision. Comment gérez-vous votre communication?

 J’ai toujours été un bon vendeur. Par exemple, c’est moi qui aie eu cette idée du logo. J’ai pris une vieille gravure du XIXe siècle de crieur de journaux et j’ai dit : « voilà il nous faut ça ». J’ai toujours milité pour cette manière de faire. Quand j’étais au journal  Le Monde [Plenel a été directeur de la rédaction du journal de 1996 à 2004], j’ai toujours défendu l’idée qu’il fallait se battre pour faire connaître nos informations, qu’il fallait faire du bruit. Je pense qu’il n’y a pas d’autres recettes.

 Ceux qui croient qu’on construit une presse en offrant des cadeaux, c’est autre chose. Nous, nous faisons du journalisme. Notre manière d’assurer notre promotion, c’est d’y aller, de faire battage d’estrade, d’incarner notre travail. Et puis je sais qu’un nouveau journal, totalement indépendant, ne s’impose pas tout seul. Un journal doit être incarné, il doit être porté et il doit être défendu. 

Venant de la presse écrite, vous avez décidé en 2007 que Mediapart prenne la forme d’un site web. Vos arguments principaux à l’époque étaient les bénéfices économiques liés à la suppression des coûts de production papier et la crise de la presse écrite. C’était donc plutôt un choix par défaut. Qu’en est-il aujourd’hui ?

 On nous a fait ce reproche-là au début. Mais aujourd’hui je crois que nous avons prouvé que nous croyons en un journalisme numérique plus approfondi, plus documenté et plus justifié.

 Un journalisme qui crée plus de confiance durable que le journalisme de l’objet imprimé qui, lui, est clôt et fermé.

 Avant, je disais que le numérique était la troisième révolution industrielle. Aujourd’hui, je pense que c’est une bataille beaucoup plus importante, c’est peut être même une révolution qui est de la même ampleur que la révolution de l’imprimerie car elle modifie les conditions de production et de diffusion des savoirs.

 Avez vous parfois eu peur que Mediapart ne marche pas?

 Je vais vous raconter une anecdote. Quand la route était un peu longue et que nous ne voyions pas encore le seuil de rentabilité, je comparais ironiquement notre aventure au voyage de Colomb. Quand les équipes s’impatientaient, j’avais l’impression de voir les matelots qui disent à Colomb : « Elle est où ta terre promise, ta terre inconnue». Il faut bien comprendre que nous avons décidé d’y aller avec une intuition. Nous ne savions pas combien de temps durerait la traversée. Mais on a fait ce saut. En ce sens, je pense que nous avons été pionniers.

 Selon vous, comment doit se pratiquer l’investigation?

 Il y a un journalisme d’investigation qui est un journalisme de fainéant : le journalisme de procès-verbal. On va chercher des choses qui sont dans un dossier judiciaire et au fond, on est l’allié, le relais d’une des parties. Ça c’est facile. Tout le monde le fait. Mais ce n’est pas vraiment de l’investigation. L’investigation est d’initiative. C’est à dire que tout d’un coup, on sort quelque chose qui n’est même pas encore dans le cabinet. Et c’est ce que nous  faisons à Mediapart. C’est ce que nous avons fait avec Bettencourt, avec l’affaire Kadhafi-Sarkozy et avec Cahuzac. Et ça, c’est la marque de Mediapart.

 Observez vous un changement dans les techniques d’investigation entre le papier et le web?

 Nous avons les même valeurs : on enregistre pas quelqu’un à son insu, on espionne pas quelqu’un, on achète pas une information. En revanche, ce qui a changé, c’est la preuve. C’est bien pour ça que nous avons de grosses batailles juridiques. Sur le web, vous pouvez sortir un document sonore, une image, une vidéo. Il y a cette force illustrée spectaculairement pendant l’affaire Bettencourt et l’affaire Cahuzac.

 Toutes les grandes affaires portées par Mediapart portent sur des politiques, pourquoi ne pas privilégier d’autres secteurs?

 Je le regrette ! Il y a des secteurs où nous n’avons pas fait suffisamment. [Il se défend en citant 3 enquêtes : une sur les comptes défectueux de Sciences Po, une autre sur la discrimination dans le football et une troisième sur un scandale de santé].

 Au lancement de Mediapart, j’avais dit : « Il faut s’occuper de l’argent ». Car enquêter sur les politiques, finalement on l’a beaucoup fait. Gauche. Droite. Au fond, ça ne fait pas bouger les lignes parce que le vrai cœur du pouvoir, c’est l’argent. L’argent est dans le football, à Sciences Po, dans la santé… Je crois que beaucoup de questions sont liées à ça, à une société où l’argent, sa capacité corruptrice, ses conflits d’intérêts, va exploser et pèse sur la société.

 Pensez-vous que la réussite de Mediapart a pu avoir un impact sur les autres journaux, les incitant à davantage parier sur l’enquête?

 Oui, ça a réveillé les autres. Ils ont même voulu nous prendre des gens puisque Le Monde a repris un journaliste qui était dans l’aventure de Mediapart au début et ils ont essayé d’en débaucher beaucoup d’autres. Ça réveille la concurrence. Je trouve ça très bien.

 J’aimerais que cela soit accompagné d’une certaine confraternité et solidarité. Je ne la ressens pas. Mediapart est souvent un peu seul, et un peu dédaigné par cette presse imprimée qui est jalouse de notre dynamisme. Il y a beaucoup plus de curiosité généreuse de la part de médias étrangers sur ce qu’a représenté Mediapart, son modèle… que dans les médias français. 

Mediapart en trois affaires

 

Bettencourt: 25 000 nouveaux abonnements

 Le 16 juin 2010, Mediapart publie des enregistrements audio de la milliardaire Liliane Bettencourt. De ces enregistrements clandestins découle une enquête riche en rebondissement, révélant entre autres l’évasion fiscale de l’héritière de L’Oréal et sa participation économique à la campagne électorale de Nicolas Sarkozy. L’instruction de l’affaire par la justice est toujours en cours.

 L’affaire Bettencourt a été décisive pour Mediapart puisqu’elle a permis au site de multiplier par deux son nombre d’abonnements en moins de cinq mois. Le journal est ainsi passé de 25.000 abonnés en juin à 50.000 en décembre.

 Trois ans après l’éclatement du scandale, la Cour d’Appel de Versailles a condamné le journal pour « atteinte à la vie privée » de la milliardaire. Le média a dû retirer tous les enregistrements et les références à ceux-ci de son site. En signe de solidarité, de nombreux médias français, ainsi que Reporters Sans Frontières, ont publié les enregistrements de la milliardaire sur leurs propres sites.

 Kadhafi-Sarkozy : scandale en pleine campagne électorale

 Le 28 avril 2012, entre le premier et le second tour de la campagne présidentielle, Mediapart publie une note des services secrets libyens. Dans celle-ci, un haut dignitaire libyen affirme que Kadhafi a donné son feu vert au paiement de 50 millions d’euros pour financer la campagne de Nicolas Sarkozy de 2007.

 Nicolas Sarkozy a déposé une plainte contre Mediapart, accusant le site de falsification. L’authentification du document par la justice est toujours en cours.

 Cahuzac : le grand public découvre Mediapart

 Le 5 décembre 2012, Mediapart fait de nouveau la une en publiant un enregistrement téléphonique de Jérôme Cahuzac. On peut y entendre l’ex ministre du budget, promoteur à l’époque d’un plan de lutte contre l’évasion fiscal, parler du compte qu’il détient en Suisse.

 Pendant des mois, le ministre va nier l’existence de ce compte. Il présente pourtant sa démission en mars 2013 et ne confesse qu’un mois plus tard, dans une lettre ouverte, avoir menti.

 Cette nouvelle affaire a permis au site de gagner 10.000 nouveaux abonnés en quelques semaines.