Entrevista a Martín Rodríguez Pellecer

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“Luchamos contra la impunidad y la corrupción”

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Pedro Pablo Peñaloza | Madrid

 

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Foto de Martín Rodríguez Pellecer_post
Martín Rodríguez Pellecer / Foto privada.

Plaza Pública nació para ajustar cuentas con la tormentosa Historia de Guatemala y Centroamérica. En su primer editorial, publicado el 22 de febrero de 2011, este periódico digital guatemalteco subraya que “existe una deuda de los medios masivos de comunicación con la ciudadanía en materia de análisis, fiscalización de todos los poderes de la sociedad y legitimidad de la democracia”. Y ellos están dispuestos a pagarla.

Levantando las banderas de la lucha por la democracia y los derechos humanos, Plaza Pública apuesta por el análisis, la investigación y el debate en un país cuyo pasado reciente ha estado marcado por las dictaduras y la guerra civil.

Al frente de este proyecto se encuentra Martín Rodríguez Pellecer (1982, Guatemala), quien aprendió el oficio de periodista en la calle, trabajando para el diario Prensa Libre desde los 18 años de edad. Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco Marroquín y con una maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Autónoma de Madrid, Rodríguez Pellecer dirige un medio que ha resuelto especializarse en “la relación entre política y economía, entre política y crimen organizado y en los temas sociales incómodos”.                  

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En su presentación, Plaza Pública dice que «intenta hacer periodismo de profundidad». ¿Cómo alcanzar ese objetivo en un entorno afectado por la fragilidad institucional, el difícil acceso a los datos oficiales y la violencia?

Me parece que Ciudad de Guatemala da un marco para hacer periodismo de profundidad a los niveles de México D.F. o de Bogotá, con mucha libertad de prensa y de expresión, sin temor a represalias violentas sino, en todo caso, a represalias económicas o de campañas de desprestigio. Las nuestras cada vez son democracias que se van consolidando y tenemos tradiciones periodísticas durante los últimos 25 años que son más o menos respetables. Más en Bogotá que en el resto, pero aquí se ha ejercido periodismo muy valiente incluso antes de la firma de la paz en 1996 o de la democracia en 1986. No es fácil como en Berlín, pero no es para nada imposible. Y es indispensable para nuestras sociedades.

 

Tomando en cuenta las dificultades de acceso a la red y el peso que conservan en América Latina los medios tradicionales, ¿qué posibilidades tiene un periódico digital de generar opinión e influir en el debate público?

Pues la independencia, el rigor y la profundidad rinden sus frutos. Tenemos 120.000 visitas al mes, más o menos 80.000 usuarios únicos, y entre estos muchos urbanos de clase media y, sobre todo, tomadores de decisión, dentro y fuera del país. Nuestra influencia todavía es muy reducida, pero al menos hacemos que quienes tienen poder tengan que leernos, para enterarse mejor del país o para saber si escribimos sobre ellos.

 

En su declaración de principios, Plaza Pública informa que depende económicamente de la jesuita Universidad Rafael Landívar, con la cual dice compartir “el pensamiento social de la Iglesia católica, la visión del país y del mundo, sus valores y su perspectiva ética y social”. ¿Hasta qué punto esa vinculación resta independencia al medio para abordar temas como la pederastia dentro de la Iglesia, el matrimonio homosexual y el aborto?

La Universidad Rafael Landívar ha sido muy valiente y comprometida con la democracia al confiar en el grupo de periodistas que conforman Plaza Pública, dándole libertad dentro del marco de nuestra línea editorial reflejada en nuestro primer editorial.  Durante los primeros dos años y medio no nos hemos topado con ninguna denuncia puntual sobre casos de pederastia, pero si nos damos abasto, la cubriríamos. Hemos publicado reportajes sobre las comunidades LGTBI [lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales] y sus derechos y muchas columnas sobre el aborto. Basamos nuestra relación con la universidad en mucha argumentación y respeto mutuo. [/one_half][one_half_last]

Manifiestan su intención de contribuir con la formación de las futuras generaciones de periodistas. ¿Cómo debe ser ese periodista, qué herramientas debe manejar para ser competitivo en estos tiempos?

Tenemos un programa de formación que coordinan los editores Alejandra Gutiérrez y Juan Carlos Llorca, que tiene como base lecturas, trabajos prácticos diarios de reportaje y redacción de notas, y apoyo a investigaciones de los periodistas senior.

A mi modo de ver, debe tener conocimientos profundos sobre una disciplina (política, economía, sociología u otras, pero no sobre ciencias de la comunicación), cultura general, curiosidad, paciencia y mucha dedicación para el trabajo.

 

El periodismo en América Latina parece privilegiar el aspecto narrativo sobre la investigación y manejo de datos duros y precisos. ¿Esta sería una de las fallas a superar por las próximas generaciones?

Me parece que ejemplos como el de ElFaro.net muestran que puede combinarse una calidad narrativa con investigaciones duras. Es nuestra aspiración en Plaza Pública también.

Plaza Pública forma parte de una serie de medios digitales que tratan de desarrollar el Periodismo de Investigación en América Latina. ¿Cómo evalúa este fenómeno y su impacto en la democratización de las comunicaciones?

No sé cuánto hay de intuición, de análisis y de wishfull-thinking en lo que voy a decir, pero creo que estamos despertando una conciencia en jóvenes veinteañeros y abriendo algunas mentes un poco más mayores. Publicamos información y enfoques con independencia, frescos, que hacen que la gente se cuestione lo que le habían dicho antes. En Plaza Pública intentamos, y lectores nos han dicho que logramos, que a pesar de que contamos sobre la barbarie, también dejamos un halo de optimismo.

Plaza Pública se ha fijado entre sus retos luchar contra la impunidad y la corrupción. ¿El Periodismo de Investigación sirve para tanto?

Pues me parece que tenemos una tarea por cumplir ahí. Luchamos contra la impunidad y la corrupción, aportamos nuestro granito. No quiere decir que la derrotaremos o que cambiaremos el país, pero al menos sí lograremos que no queden en la impunidad mediática y de imagen. Si no, que lo digan los personajes a quienes hemos agarrado haciendo trampas y que nuestro artículo sale como una de las primeras referencias de su nombre en Google.

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