“Las mejores historias no están en la pantalla del ordenador, están en las personas”

Vinícius Assis | Madrid | 08/05/2013 

Diego Escosteguy

Diego Escosteguy

Con apenas 31 años de edad, Diego Escosteguy ha tenido una meteórica carrera como periodista, gracias a sus investigaciones sobre el poder político en su país. Desde julio de 2012, es el responsable de una de las revistas más vendidas en Brasil, Época, en su edición de Brasilia. Al frente de esa publicación, sigue elaborando algunos de los reportajes más controvertidos y polémicos de esa nación sudamericana.

Se licenció en la Universidad de Brasilia y se especializó en Periodismo político en la Universidad de Columbia, ha pasado por medios como la revista Veja o el periódico O Estado de Sao Paulo. Además, puede presumir de haber narrado en primera persona, como enviado especial, el terremoto de Haití en 2010 o la guerra de Libia en 2011.

En la entrevista concedida a MasInvestigacion, Escosteguy critica el periodismo ejercido exclusivamente desde un ordenador con “megabytes de información” y reconoce que el “buen Periodismo es costoso”.  

¿Cuál es la mayor dificultad para hacer Periodismo de Investigación en Brasil?

Son muchas las dificultades, pero me gustaría destacar dos. En primer lugar, la ausencia de un modelo sólido de investigación que contemple criterios periodísticos claros, una metodología apropiada para cada tipo de información y la posibilidad de investigar más en profundidad las informaciones descubiertas. Es necesario que los periodistas empiecen a establecer un modelo propio, que empiece a ser reconocido por todos como un modelo a seguir que se aproxime al periodismo científico.

En segundo lugar, un factor directamente relacionado con el primero: La falta de dinero para hacer Periodismo de Investigación de calidad. El buen Periodismo es costoso y el bueno Periodismo de Investigación lo es aún más. Desafortunadamente, nosotros estamos en medio de una crisis sin precedentes en el modelo de financiación del Periodismo. Esto provoca que el Periodismo de Investigación tenga menos espacio en los medios. Sin un público consciente de que tiene que pagar por tener acceso a buenas reportajes, el Periodismo de Investigación correrá el riesgo de perder fuerza y se dará, como consecuencia, un periodismo de entretenimiento o un pseudoperiodismo de blogosfera progubernamental.

¿Cómo ve el Periodismo de Investigación que se ejerce actualmente en Brasil?

Existen ejemplos aislados de buenos trabajos de investigación, ya sea en periódicos, en revistas o en los canales de televisión. Pero nos falta, como he señalado, la búsqueda por un modelo de investigación que se acerque el Periodismo científico. Existe también mucha atención dirigida a proyectos de poca calidad periodística. Esto me parece una tendencia de moda,  el llamado Periodismo de Datos, lo que califico de “periodismo de Excel”. La oportunidad de conseguir grandes cantidades de datos en una hoja de cálculo puede convertirse en un fin en sí mismo, impidiendo a los periodistas ver con claridad los matices de la realidad y de las grandes historias que escapan a los megabytes de información.

Este tipo de investigación debería ser el punto de partida, no la llegada. Las mejores historias no están en la pantalla del ordenador, están en las personas. El ordenador es sólo una herramienta muy eficaz. Pero las mejores historias que he hecho siempre involucraron a los individuos. Sobre todo, las historias donde las fuentes no querían hablar.

Los intentos de intimidar a la prensa con judicializar su trabajo crecen en varios países. Algunas entidades de defensa de la libertad de expresión criticaron la reforma del Código Penal brasileño, que puede elevar la pena por difamación de hasta cuatro años de prisión (en la actualidad la pena mínima es de tres meses de prisión). ¿Eso le preocupa?

Siempre preocupa, pero creo que no se da el contexto político oportuno para que prosperen dichas acciones. Al menos por ahora.

¿Alguna vez ha sido objeto de demandas por cualquier reportaje publicado?

En muchas ocasiones. Es muy común y legítimo en nuestro oficio. Nos ocupamos de la vida de las personas y siempre existe la posibilidad de que te planteen una demanda judicial. No hay que confundir demanda con intimidación, y ésta se produce con una frecuencia alarmante en los diferentes rincones del país.

¿Es arriesgado utilizar documentos secretos obtenidos de forma exclusiva y/o la reproducción de declaraciones de fuentes anónimas para justificar la publicación de una historia?

Es arriesgado. Por lo tanto, es esencial una estricta supervisión de editores experimentados que sepan cómo filtrar la investigación del reportero. Esencial también es la comunicación transparente con los lectores acerca de las circunstancias del off-the-record y por qué fue necesario.

Recibir fotos y grabaciones es algo común para un reportero que investiga a políticos. En su opinión, ¿el periodista debe simplemente publicar este tipo de material o ir más allá haciendo una investigación en profundidad?

Cualquier documento o grabación que llega a un periodista debe ser debidamente comprobado. Así como el contexto en el que surgió esta información. La buena investigación, por definición, será en profundidad. Además cuando la grabación se ha producido ilegalmente o el documento ha sido robado, la investigación no debe ser iniciada. El buen periodista no puede ser cómplice de un delito.

¿Cuál es el “dolor” y el “placer” de investigar el poder?

Es un trabajo difícil, que exige tiempo, esfuerzo y una buena metodología. Yo acabo publicando apenas el diez por ciento de los temas que me pongo a investigar. Por eso, en las pocas veces que el trabajo tiene éxito, obteniendo como resultado un reportaje de calidad, hay un fugaz sentimiento de satisfacción. Siempre mezclado con la convicción de que el trabajo podría haber sido mejor. El eventual reconocimiento de este esfuerzo por parte de los lectores es suficiente recompensa a los sacrificios silenciosos que exige esta profesión.

Traducción: Roberto Díaz

“As melhores histórias não estão na tela do computador, estão com as pessoas.”

Aos 31 anos, Diego Escosteguy é diretor da sucursal de Brasília da revista Época, umas das publicações semanais mais vendidas no Brasil. Há dez anos se formou em jornalismo pela Universidade de Brasília. Especializou-se em Jornalismo Político na Columbia University, em Nova Iorque, e construiu em uma década um grande curriculo. Também trabalhou em outros importantes meios de comunicação brasileiros, como a revista Veja e o jornal O Estado de São Paulo.Como enviado especial mostrou a destruição no Haiti depois do terremoto de 2010 e cobriu aguerra da Líbia, em 2011.

Apesar de liderar uma equipe con 5 jornalistas, ainda segue sua rotina como repórter e conquistou muitos premios com reportagens investigativas sobre os três poderes. 

Na entrevista concedida a MasInvestigación, Escosteguy critica o Jornalismo feito só diante de um computador e garante que “o bom Jornalismo custa caro”.

 

Na sua opinião, qual a maior dificuldade para se fazer Jornalismo Investigativo hoje em dia no Brasil?

São muitas dificuldades, mas destacaria duas. Primeiro, a ausência de um modelo consistente de investigação, que contemple critérios jornalísticos claros, métodos adequados a cada tipo de apuração e a possibilidade de checagem das informações descobertas. É preciso, portanto, que os jornalistas passem a estabelecer um modelo próprio, o qual passe a ser reconhecido por todos como desejável ─algo que aproxime o Jornalismo da ciência.

Em segundo lugar, um fator diretamente ligado ao primeiro: a falta de dinheiro para fazer Jornalismo Investigativo de qualidade. Bom Jornalismo custa caro. Bom Jornalismo Jnvestigativo custa ainda mais. Infelizmente, estamos no meio de uma crise sem precedentes no modelo que financia o jornalismo – o que diminui o espaço do Jornalismo Investigativo. Sem um público consciente de que é preciso pagar para ter acesso a boas reportagens, e que esteja disposto a gastar com elas, o jornalismo investigativo correrá cada vez mais seríssimos riscos de definhar ─cedendo espaço para o entretenimento e para o pseudojornalismo da blogosfera governista.

Como você vê o jornalismo investigativo que se faz no país atualmente? Algum exemplo a se destacar?

Há exemplos isolados de bons trabalhos investigativos, seja em jornais, revistas ou canais de televisão. Mas nos falta, como observei, a busca por um modelo de investigação que aproxime o Jornalismo da ciência. Há, também, muita energia direcionada para projetos de pouca relevância jornalística. Isso me parece uma tendência no chamado jornalismo com ajuda de bancos de dados, o que qualifico de “jornalismo de Excel”. A oportunidade de vasculhar grandes quantidades de documentos numa planilha pode virar um fim em si, impedindo o jornalista de enxergar com nitidez as nuances da realidade e as grandes histórias que escapam aos megabytes de informação.

Esse tipo de pesquisa deve ser o ponto de partida, não o de chegada. As melhores histórias não estão na tela do computadorestão com as pessoas. O computador é apenas uma ferramenta ─e uma ferramenta muito eficiente. Mas as melhores matérias que já fiz envolveram histórias contadas por gente. Sobretudo as histórias que as fontes não queriam revelar de modo algum.

As tentativas de intimidar a imprensa por vias judiciais crescem em vários países. Entidades de defesa da liberdade de expressão criticaram a reforma do Código Penal brasileiro, por exemplo, que pode elevar pena por crime de difamação para até quatro anos de prisão (a pena mínima prevista atualmente é de três meses de detenção). Isso lhe preocupa?

Preocupa, mas não creio que haja ambiente político para que prosperem ações desse tipo. Ao menos por enquanto.

Você já foi alvo de ações judiciais por alguma reportagem publicada?

Muitas. É algo bastante corriqueiro – e legítimo – na nossa atividade. Lidamos com a vida das pessoas, e é justo que haja possibilidades de reparação judicial. Desde que não se confunda reparação com intimidação, o que ocorre com preocupante freqüência, especialmente nos rincões do país.

É arriscado um jornalista usar com frequência documentos sigilosos obtidos com exclusividade e/ou reproduzir declarações de fontes anônimas para sustentar uma reportagem?

É arriscado. Por isso é fundamental a supervisão de editores rigorosos e experientes, que saibam filtrar a apuração do repórter. Imprescindível, também, a transparência na comunicação aos leitores sobre as circunstâncias do off-the-record e por que ele foi necessário. Para proteger a fonte de represálias, por exemplo.

Receber fotos e gravações comprometedoras é algo comum no dia a dia de um repórter que investiga políticos, por exemplo. Na sua opinião, o jornalista deve simplesmente publicar este tipo de material ou ir além, com uma investigação mais profunda?

Qualquer documento ou gravação que chega ao bom jornalista será devidamente checado, assim como o contexto no qual essas informações surgiram. A boa investigação, por definição, será profunda. Um adendo: se a gravação tiver sido produzida de modo ilegal, ou se o documento em questão tiver sido furtado, por exemplo, a apuração nem deverá ser iniciada. O bom jornalista não pode ser cúmplice de crimes.

Qual a “dor” e a “delícia” de se investigar o poder?

É um trabalho difícil, que demanda tempo, esforço e método. Devo publicar apenas 10% dos assuntos que me ponho a apurar. Por isso, nas raras vezes em que esse trabalho é bem-sucedido, resultando numa reportagem de qualidade, há um fugaz sentimento de satisfação – sempre misturado à convicção de que o trabalho poderia ter ficado melhor, poderia ter sido aperfeiçoado de alguma forma. O eventual reconhecimento desse esforço por parte dos leitores é recompensa suficiente para os sacrifícios silenciosos exigidos pela profissão.