“Es más limpio contar historias que no están siendo investigadas”

Nicolás Pérez | Madrid | 12/03/2015

Rui Araújo imparte clase en el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización / EL MUNDO

Rui Araújo imparte clase en el Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización / EL MUNDO

Menudo, engastado en la silla de una terraza de un bar madrileño, con el cuello encogido y los hombros echados hacia delante, el periodista portugués Rui Araújo (Lisboa, 1954) encadena pitillo tras pitillo. Camel sin filtro, a la vieja usanza; como las palabras que salen envueltas en humo de su boca.

Araújo comenzó su carrera profesional en Francia y se curtió como reportero de guerra en los conflictos de Angola, Zaire, Bosnia, Croacia, Libia, Timor y Ruanda. Los retransmitió para televisión. En Ruanda, explica, tuvo que portar un arma y presenció la matanza de niños tutsis y hutus. En esos momentos, dice, “uno pasa a ser hombre antes que periodista”.

Ahora trabaja para la televisión portuguesa TVI elaborando reportajes de investigación sobre corrupción, fraude o lavado de dinero. Es, asimismo, miembro del International Consortium of Investigative Journalism. Al igual que escupe los pequeños restos de tabaco que le quedan en la lengua, en sus trabajos le cuenta “al mundo la mierda que está pasando”.

¿Cuándo se inició en el periodismo de investigación?

Fue en la investigación de Irangate para la CBS estadounidense (1987). No era un tema fácil, fue un desafío: servicios secretos, tráfico de armas… Estaban implicados Israel, Irán, Estados Unidos, Portugal, Guatemala, Honduras. Era algo muy amplio y difícil porque las fuentes abiertas casi no existían, eran traficantes de armas, agentes de servicios de inteligencia o diplomáticos; información muy difícil de obtener, muchas veces clasificada.

¿Sobre qué temas suele investigar?

La prioridad son las historias que no se conocen que no están siendo investigadas. Es más interesante y más limpio. Porque cuando te dan información sobre un caso que está en un tribunal, es una investigación de la policía, o un abogado te da la información, me parece menos original. Prefiero llegar antes y cuestionar a los poderes, sobre todo, a los del Estado. Cuando ellos investigan, si te lo dan, es porque hay un interés. No hay fuentes desinteresadas, nunca, jamás.

¿Cómo inicia un reportaje? ¿Cuál es la chispa que le pone alerta?

Primero, estar atento; escuchar a los demás, donde sea, no tiene por qué ser en el centro del poder. Puede ser en cualquier sitio. También hay que saber leer entre líneas las noticias. A veces, lo más importante no es lo que se ha dicho, sino lo que se ha insinuado. También es una cuestión de instinto.

Cita al poeta Virgilio de Lemos como su mentor. ¿Cómo le ha influido en su obra periodística?

Virgilio de Lemos era poeta y periodista, y un hombre excepcional. Solo hablaba de dos cosas –como la mayoría de los poetas– del amor y de la muerte. Me ha influido, sobre todo, cuando escribo para un periódico, porque la televisión es oralidad y los espectadores tienen que entenderlo a la primera. Pero cuando escribo para la prensa creo que la narrativa, en mi caso, es mucho más literaria. Es un placer escribir para la prensa, todavía. No la noticia factual, sino una crónica. De Virgilio de Lemos adquirí la forma de entender la vida y de luchar. Pensar en que lo más importante no es vencer a los demás, sino vencerte a ti mismo.

A pesar de que disfruta escribiendo para la prensa, la mayor parte de su trabajo lo ha desarrollado para la televisión. ¿Qué dificultades presenta el medio?

Se hacen pocos programas de investigación para la televisión. Noticieros hay muchos, eso sí. Es más difícil investigar para televisión que para la prensa, porque la televisión es imagen, sin ella no hay nada. Puedes hablar con una fuente en una terraza y te dará todo, pero esa misma fuente puede hablar contigo y decir que no quiere cámaras.

En uno de sus reportajes para TVI, Abutres, la primera escena es una entrevista en una terraza grabada desde lejos. ¿Sabía el entrevistado que le estaban grabando?

No.

¿Era cámara oculta?

Yo tenía tres cámaras: una en un coche, escondida con mi cameraman, en un sitio discreto, otra en un reloj y otra en una pluma. El entrevistado no sabía nada. Yo quería pillarle porque es un corrupto.

¿Está permitido el uso de la cámara oculta en Portugal?

En Portugal, al igual que en España, no lo permiten. Tengo algunas dudas sobre la cámara oculta. Hay gente que habla del interés público, pero éste sirve para todo y nada. Es un riesgo pensar que el interés público te va a proteger, yo no lo creo. Pero para la democracia, la investigación es necesaria.

En ese reportaje, destapó una trama corrupta en la que estaban implicados el Estado portugués, la policía, funcionarios, empresas públicas… Pero tras la publicación, todos quedaron impunes.

La impunidad es una realidad. Creo que los periodistas debemos pensar que nuestro deber es informar, lo que ocurra después ya no es nuestro problema, es un problema del Estado, de la sociedad. Si el Estado no funciona, qué quieres que te diga. Tú has hecho lo que debías como periodista, no te pueden pedir que seas juez y policía. No puedes cambiar el mundo, pero puedes cambiar pequeñas cosas, y eso es bueno.

¿Sufrió presiones tras la retransmisión de Abutres?

En este caso no pasó nada. Lo más curioso es que a mí no me dijeron nada, nadie me atacó, pero a la persona que me lo reveló le han pedido casi tres millones de euros en un juicio y ha perdido. Era la parte más frágil, no es una empresa de televisión, saben que si le atacan a él, todo estará en orden. Sin embargo, si van por mí, la televisión puede hacer otro reportaje porque ellos tienen las manos sucias.

¿Nunca han ido por usted tras una investigación?

Sí, en una historia de servicios secretos: el acuerdo que Portugal firmó con la coalición para atacar Irak. La Guardia Civil portuguesa fue el actor del acuerdo. Pero ahí ya estamos hablando de servicios secretos, es otro campeonato. Me amenazaron en mi propia casa, era un mensaje: “tienes que ser un good boy, si no, te vamos a joder”. Me incomodó. Estaba mi mujer y podían hacerle algo a ella. Pero la amenaza no es lo que más me preocupa, porque si te quieren matar, lo pueden hacer.

¿Se ha planteado alguna vez dejar de investigar?

Hay momentos en los que te preguntas: ¿Qué estoy haciendo? No cambio nada; tanto tiempo perdido, tanta energía y después no pasa nada. A pesar de todo, vale la pena. En nuestras democracias es importante que exista periodismo de investigación y cuestionar a los poderes. En la información diaria no hay tiempo para eso, se trata de lo que está pasando, la inmediatez. El problema en el periodismo es que cada vez tenemos menos memoria. En las redacciones está desapareciendo los que la tienen. Pero es lo que hay, la memoria es peligrosa.