Nací amarilla en la Nochebuena de un diciembre templado. Pocos días después, me tendieron al raso en el patio de mi casa, sin más cobertura que la piel que me traje puesta al mundo. No lo recuerdo, pero lo imagino con escarnio. El sol clemente del archipiélago canario borró mi poco apropiada tez asiática y los años me hicieron periodista. Puede que ande buscando la mejor manera de exponer las vergüenzas ajenas. Puede que...